Una urbanita llega al campo

 

Presentación

Hola, me llamo Paula, y a día de hoy me sigo preguntando el por qué de como acabé en Peralta de la Sal, un pequeño pueblo de Huesca en la comarca de La Llitera.

No os voy a engañar, principalmente lo hice por el reconocimiento de créditos de la universidad. Sí, todos los estudiantes tenemos que hacer prácticas para aprender a sobrevivir a ese mundo laboral que nos espera tras haber acabado la carrera, en mi caso Marketing e Investigación de Mercados impartida por la Universidad de Zaragoza.

Las Prácticas

Desafortunadamente el páramo que son las prácticas después del Covid-19 es casi un infierno. Para mi fortuna, escuché hablar de algo llamado «Erasmus Rural – Desafío Arraigo«. Prácticas que ofrece la universidad en colaboración con empresas ya sean grandes o pymes, e incluso ayuntamientos de pueblos de menos de 400 habitantes, en Huesca, Teruel o la misma Zaragoza.

Decidí investigar un poco, y tras unos días un tanto indecisa mandé mi curriculum. Me dio un poco de miedo, no os lo voy a negar. Enviar un folio vacío de experiencias laborales es similar a decir: «¡Eh! Estoy aquí, estoy estudiando, pero no sé hacer nada de manera oficial, ni siquiera tengo el título, pero quiero trabajar.».

Menos mal que hay empresas como Fem Llitera, que decidieron hacerme un poquito de caso y darme la oportunidad de mostrar mis ganas de aprender y trabajar. Fue entonces cuando conocí a Montse, mi actual jefa, que al parecer tenía los mismos nervios que yo, así como las mismas ganas de tener a alguien en prácticas.

La conexión fue instantánea, tanto con ella como con la empresa que había formado junto a su hijo Pedro. Los dos son creadores y fundadores de Fem Llitera, una empresa especializada en el cuarto sector económico (algo que siendo sinceros, no me habían explicado en la carrera, ni sabía que existía), luchan por frenar la despoblación de los pueblos, por los derechos de todas las personas en el medio rural, por la socialización y el ecologismo en las zonas más inhóspitas de la comarca. Los creí locos, porque según me han contado, ambos han tenido o tienen trabajos que a primera vista suenan más estables que esta empresa, así que dije: «Estos son los míos.». Y un 22 de agosto cogí el coche y ya estaba de camino para mi nuevo trabajo, o así lo llamo yo, porque en un principio son prácticas curriculares remuneradas por la universidad, pero el ambiente es totalmente de trabajadora de la empresa.

Comienza La Aventura

Cuando llegué, empecé a volverme loca, porque durante el mes que iba a trabajar allí, viviría en un monasterio con curas o padres. Y aunque no sea un monasterio, sino un lugar de retiro o más bien el Albergue Juvenil El Olivo de los escolapios; me tocaría adaptarme para vivir en sus horarios para las comidas por ejemplo, e incluso comer lo que ellos comen. He de añadir que no se come nada mal, Rosa, la cocinera, tiene mucha mano, no se come mal no.

Pero aquí empecé a cuestionarme si había hecho bien en aceptar el reto. Para crecer como persona, tenía que salir de mi zona de confort.

Todas mis dudas de la noche desaparecieron por la mañana. El 23 comenzó mi jornada laboral. Si me hubiesen dicho antes que iba a pasármelo tan bien trabajando…no me hubiese preocupado tanto. La oficina, pequeña, es monísima, me enamoré nada más me la enseñaron. Sobre todo al ver mi pequeño rincón, entre la cafetera y la fotocopiadora. Que más lejos de la realidad, no sería la becaria que hace cafés y fotocopias. Me han dejado a cargo de las redes sociales y el plan de comunicación. Trabajo en el que me estoy especializando con la carrera y del que estas semanas, afortunadamente, estoy aprendiendo mucho gracias a las directrices de Montse y Pedro, pero también a su confianza para dejarme hacer las cosas un poco a mi estilo.

La verdad, tengo muchas más cosas que contaros. Sobre el pueblo, sobre lo que le rodea, pero creo que utilizaré esta entrada solo para lo general y ya os iré contando más adelante. Espero que algún universitario llegue a leer esto. Sé que irse de casa a un pueblo a hacer prácticas no es lo más tentador del mundo. Pero de verdad, aprovechar la oportunidad. En el poco tiempo que llevo yo aquí he aprendido mucho. Merece totalmente la pena.

 

Y aquí me despido, hasta el siguiente blog. Nos vemos. 🙂

 

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